Los jubilados dudosos y el Quijote negro e histórico

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Saben, quienes me van leyendo, que ando bastante cabreado con el asunto de las pensiones. No por mí, que a estas alturas de la vida y de la película me da igual. No creo que me pille ya el colapso de las pensiones. Ayer nos reunimos  en un salón del antiguo centro Gastón Castelló, unos cuantos señores y señoras, muchos jubilados y otros a punto de serlo, bajo el paraguas de una asociación extraordinaria  llamada  “Nutopía”, culturalmente inquieta y socialmente activa dirigida por una preciosidad inteligentísima y encantadora llamada Belén  – ¿se puede decir eso o te fusilan por machista tal y como está el patio?  Andaba también por allí una agitadora de masas, historiadora y protestante que atiende por Marieta y tres abuelos: Antonio Moreno, magnífico abogado. Alfonso Navarro, el arquitecto de la Pirámide que metió a los jueces en la cárcel y reformo el antro cutre de Benalúa transformándolo en Palacio de Justicia, y un servidor, humilde carcelero que se dedica a las motos y a la literatura para mantener alejado al alemán, porque el doctor Alzheimer tiene preferencia por los viejos que se sientan en el orejero y comen telebasura al baño María. Los liquida en dos meses.

Comienza el “verboforum” de abuelos y se exponen mil teorías, todas defendibles. Nacen pocos niños y la pirámide poblacional está tomando unas formas imposibles de mantener. La inteligencia artificial y la robotización están eliminando puestos de trabajo. El Estado gasta dinero en subvencionar gilipolleces y cada día mira menos a los abuelos salvo para pedirles el voto.  Hay que bajar  la deuda pública bimillonaria antes de hablar de pensiones.

Yo sigo firme en mi idea: no hay que ir a la puerta del Ayuntamiento con silbatos y pancartas, salvo para decirle a Barcala que Alicante es la ciudad más sucia de España y que la Policía local es un desastre de organización  – yo he trabajado en eso y se lo demuestro cuando quiera-, pero los abuelos deberían dejar la pancarta y el pito para otros menesteres, porque Barcala no tiene nada que ver con las pensiones ni con la Sanidad que es lo que nos mueve.

Todo lo que no sea un partido de Jubilados Europeos y Guerreros con presencia en el Parlamento no sirve para nada. Vean, digo con fervor al colectivo de abuelos, el poder de los puigdemones, el poder de los bildus o los peneuves. ¿Creen que Sánchez habría cambiado el código penal quitando el delito de sedición si cuatro abuelos hubieran ido a Moncloa a pedírselo? No los habrían dejado ni entrar.  Ni audiencia les daría. ¿Creen que la singularidad económica para Cataluña, la cesión de la gestión de extranjería, el confinar a la policía y la guardia civil en el Piolín, es fruto del amor de Sánchez por el salchichón de Olot?

Todo lo que logra Puigdemont lo consigue por sus siete votos que son los que mantienen a Sánchez en la Moncloa, calentito y blindado en su sillón. Siete votos mágicos que dan una mayoría y que hacen que el presidente se arrodille ante cualquier capricho de Puigdemont que es el presidente real y verdadero. El puto amo. Aquí habría que ir directamente a la frase evangélica: el que tenga oídos para oír, que oiga.

Salió de entre el nutrido público  una señora que abogaba por una plataforma. Se me revolvió el estómago por los recuerdos y hasta perdí un inicio de erección. En el año 72, con Franco aun rampante, yo estaba empezando filosofía en Granada, en el Hospital Real, hoy Rectorado y entonces una nave gélida y desvencijada que separaba las clases con paneles de aglomerado. Recibir clase allí en enero era un crimen de guerra, un atentado contra la humanidad, algo que debió tipificarse como tortura. Había una gorda con anorak de camionero y una chica que cojeaba y las dos   – todo mi respeto a ellas,  y hasta mi cariño,no me denuncien por odio a una chica que cojea ni a una que, midiendo metro sesenta, pesa ciento diez kilos. Solo intento decir cómo eran, una chica gordita y otra que arrastraba un poco la derecha, ambas con anorak de camionero-. Las dos, todos los días, subían a la tarima de filosofía y decían ser portavoces de una plataforma que pedía la dimisión del gobierno en pleno. No sé si acabaron en Podemos, al que yo voté tres veces. No consiguieron su propósito. Franco murió en su cama, por viejo y por las terapias cardiacas de su yerno el Marqués de Villaverde. Ayyyyy…las plataformas. Mecagoentoloquesemenea.

Cuando se mueve mucho dinero, cuando se juega la sanidad y la economía – yo abogo por que un jubilado no tenga que gastar seis mil euros en unos audífonos para oír bien-, una plataforma es un seguro de inutilidad. La certificación de que se andará de aquí para allá  “como puta por rastrojo” – no nos secuestren el lenguaje con sus gilipolleces, que yo tengo amigos mariquitas -pregúntenle al encantador Miguelito-, amigas putas y, en las cárceles y fuera de ellas, los he defendido a muerte y esto va por quienes me dieron el coñazo para que cambiará el título de mi libro “De prisiones, putas y pistolas”-. Una plataforma es la certificación de andar como “cagallón por acequia” y no conseguir nada. Un partido, diez diputados y si diez millones de jubilados no los logramos es que somos idiotas y verán a Sánchez, o a Feijoo o a quien sea, de rodillas y cantándonos el tantum ergo o lo que pidamos porque nuestros votos serán los imprescindibles, dada la imposibilidad de mayorías absolutas.

Amargado, entristecido, derrotado y vencido por la plataforma me voy a cenar con la rubia del jaguar que apareció a última hora. ¡Ténganme envidia, hostias! ¡Vuestra envidia me pone! Cenamos en deshabillé, en su casa, con el mismo atuendo que la chica de la portada del 357 Magnum, porque el marido estaba de viaje y, cabreado como estaba, me prometió una noche dulce cumpliendo sobradamente su promesa. Sin cigarro a posteriori  – no fumamos ninguno-, hablamos alegremente del gran evento que se aproxima: inauguramos el viernes, día de los enamorados, el QUIJOTE NEGRO E HISTÓRICO  en su segunda edición.

Ya estáis tardando en sacar billete y plaza de hotel que yo voy con mi chica estratosférica y no admito a nadie en la habitación.

Jorge Olcina director de la Sede Universitaria y Manolo Palomar – anterior rector- se fiaron cuando apostamos que de cada taller literario que hiciéramos en esa sede, saldría una novela. No una gilipollez, esos ramilletes de relatos cortos que son facilísimos de hacer, “peccata minuta”. Yo aposté una novela entera con inicio, nudo, trama y desenlace. Con amores, odios, puñaladas traperas y golpes de estado, que eso sigue vigente y ves apuñalador@s, que ponen cara no haberse puesto de rodillas en su puta vida y haberlo conseguido todo a base de estudio y honradez. Bueno pues ya van tres y Manolo Palomar y Jorge Olcina – dos mentes privilegiadas- tendrán que pagar el menú del día que se apostaron.

Nos vamos al QUIJOTE NEGRO E HISTORICO, un servidor como director del curso  – como decían en mi pueblo, el maestro ciruela, que no sabía leer y puso escuela- y todos los alumnos a disfrutar todo lo que podamos. Por arriba y por abajo, por delante y por detrás y no piensen mal que estamos hablando de literatura.

El Quijote comienza su segunda edición con “Los confesores reales. Pecado, política y perdón”, una novela coral sobre la influencia decisiva de la Iglesia, a través de los curas  – había puñaladas para coger el puesto de confesor real- por medio del sacramento de la confesión. Un auténtico instrumento de poder. La editorial Samarcanda   – ya tenía yo ganas de publicar algo en mi Andalucía porque he publicado en Alicante, en Barcelona y en Euskadi, pero no allí que es donde nací-, Samarcanda repito, ha apostado por Los confesores reales como inicio de una fastuosa colección de novela histórica y ando apretando a una letrada del Congreso para que acabe su obra sobre un cocinero de Alfonso XIII – menudo pájaro- para que su libro forme parte de esa colección.

El día de los enamorados, con una alcaldesa egregia como anfitriona, unos curas aprovechados, unos inquisidores trastornados, unos reyes inútiles, rijosos y cobardes aunque avariciosos, unos validos psicópatas y vende patrias, unas reinas hirvientes como los palos de un churrero, un bibliotecario manso y enamorado hasta dejarse cortar un barco o lo que fuese y una monja lista, curiosa, incapaz de comprender las realidades antinaturales como voluntad divina y mil y un vividores de la monarquía y el poder eclesial, enredan en esta novela que es casi un tratado de Historia de España. La presentaremos también en Alicante porque es aquí donde se ha fraguado, pero si podéis estar dos veces, siempre es mejor tener dos orgasmos intelectuales que uno solo. El Pedernoso catorce de febrero. Casa de la Cultura, de la buena cultura.

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

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