Brau Lopez*
Soy consciente de que a muchos no les interesa hablar del tema, pero por eso mismo yo lo haré encantado. El hartazgo es notable e hiriente, no es concebible que en este supuesto Estado Democrático Social y de Derecho en el que vivimos haya una turba descontrolada durante tres días sea capaz de incendiar las calles de un municipio para solidarizarse con un “OKUPA VIP” que lleva más de cinco años sin pagar el alquiler de la vivienda que habita.
Digo que no interesa hablar de OKUPACIÓN porque es leer ésta palabra y ya se remueven las sensibilidades de muchos de esos buenos samaritanos que vociferan megáfono en mano en favor de una vivienda digna y GRATUITA para los más vulnerables. La denominación “colectivos vulnerables” es tan amplia que a pesar de querer meter dentro a diestro y siniestro siempre habrá alguien que se quede fuera, por eso mismo no seré yo quien intente definir algo tan ambiguo. Siempre he sido de los que piensan que para resolver problemas previamente hay que identificarlos y tratarlos a fin de darles una oportuna solución. Hay que llamar a las cosas por su nombre y la OKUPACIÓN es un ilícito penal independientemente de la persona que infrinja la norma, sea una familia sin recursos, sean elementos marginales o el Imán del pueblo, el reproche penal es el mismo. Al igual que es preciso valorar las circunstancias personales en cada caso pues ante un mismo hecho se va a proceder de una manera u otra, es también obligada la actuación diligente de las instituciones para ser implacable a la hora de atajar el problema y ofrecer soluciones a las distintas partes implicadas.
SALT EN LLAMAS
El caso concreto de Salt clama al cielo. Que se pretenda defender la okupación como medio alternativo de habitabilidad y se justifique argumentando que la vivienda ocupada es propiedad de una entidad financiera es querer hacernos ver que es un gesto de rebelión ante un sistema opresor que asfixia a los débiles. Proclamas como ésa la hemos escuchado incluso en diferentes sedes parlamentarias por boca de políticos de primera línea con sueldos inalcanzables para aquellos “colectivos vulnerables” y con propiedades tan exclusivas como “pisazos” en pleno centro de Madrid o “Chaletazos” en las zonas ricas de la sierra.
Esa forma de blanquear un delito es la que ha permitido que unos lo vean como una salida aceptable a su situación habitacional, otros como un negocio basado en la extorsión y desde las instituciones policiales como un grave problema de convivencia, delincuencia e inseguridad ciudadana. Un mismo hecho distintas maneras de entenderlo.
Tres días a fuego y pedradas, tres días de altercados, tres días de agresión a policías, de intentar quemar una comisaría, tres días de descontrol y caos que han sumido a la localidad gerundense en un lugar digno de película de terror. Una turba de inmigrantes en situación regular e irregular junto con demás morralla de la “kale borroka catalana” decidieron salir a reventar la ciudad para solidarizarse con el Imán musulmán de la ciudad al cual habían desalojado por orden judicial al okupar supuestamente una vivienda y tener problemas con la justicia derivados de ese acto.
Tanta era la influencia de ese siniestro personaje que han sido cientos de súbditos y allegados los que han seguido su predicamento y se han manifestado en contra de una decisión que el clérigo musulmán creía injusta y desproporcionada. Tal ha sido la efusividad de los manifestantes que se lo han tomado muy en serio y se les ha terminado de ir de las manos. ¿Para qué quieres pancartas y megáfono si tienes piedras y fuego?. Eso debe pensar la diputada de la CUP cuando felicitó a la comunidad musulmana de Salt por haberse integrado tan bien en Cataluña, ya que tirar piedras a la policía es una costumbre muy arraigada en dicha comunidad autónoma “Sois un ejemplo”.
Las autoridades locales no han sabido acometer a tiempo el problema y han tardado tres días en dar instrucciones claras y precisas a los agentes para sofocar la insurrección vecinal. Parece que a nadie en la Consejería de Interior de la Generalidad de Cataluña le ha generado ningún tipo de ansiedad ver como se atacan las dependencias policiales y prenden fuego a todo lo que se pusiera por delante.
No es una imagen desconocida, es mas, es un calco de los modernos y multiculturales “barrios europeos guetizados No Go ” en los que impera la ley de la selva más salvaje. Es un aviso a navegantes, a negacionistas de la realidad más cruel, a responsables políticos y a cuántos se tapan los ojos para hacerse los ciegos ante la que se nos viene encima. ¿Queremos esto para nuestros hijos?, la pregunta tiene fácil respuesta NO.
Si en vez de ser diligentes en la lucha contra la okupación y trabajar para garantizar de manera plena la seguridad ciudadana de nuestras ciudades, si continuamos quitando importancia a esos “casos aislados” que todos sabemos que son atentados indiscriminados y últimamente no son nada puntuales, si no reforzamos ni respaldamos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y en cambio lo que hacemos es premiar al que delinque poniéndole en bandeja lo que tanto desea, no llegaremos a ser nunca la sociedad que supuestamente deseamos.
Hay que desterrar el miedo a ser tachados de racistas o xenófobos por el mero hecho de criticar la inmigración ilegal delincuente y sus consecuencias. La falta de interés en adaptarse a nuestras costumbres que muestra la mayor parte de la masa migratoria ilegal que cala en las sociedades receptoras es uno de los principales factores que contribuyen a su falta de integración y a la aparición de futuros problemas de convivencia e inseguridad. Con la suma de factores anteriormente mencionados el resultado de la ecuación va a salir siempre en negativo.
Salt ha sido un aviso, si ha sucedido una vez es muy probable que pueda repetirse.
